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Calidad y evaluación ambiental

Productos químicos

Desde la Revolución Industrial, la humanidad ha producido una cantidad y una variedad cada vez mayor de compuestos químicos para aumentar nuestra calidad de vida y satisfacer necesidades económicas. El desarrollo tecnológico de la humanidad durante el siglo XX no puede compararse con el de ningún periodo histórico anterior. Se ha estimado que, tan sólo en la Unión Europea, se comercializan unas 100.000 sustancias químicas, y continuamente se sintetizan nuevas moléculas. Tanto en el ámbito internacional como en el europeo, a la vez que se sintetizan nuevos productos químicos, también se han establecido mecanismos normativos y de control que regulen, restrinjan e, incluso, prohiban determinados productos químicos, o determinados usos, para asegurar una adecuada protección de la salud y del medio ambiente.

Estas reflexiones se plasmaron en el Libro Blanco “Estrategia para la futura política en materia de sustancias y preparados químicos” de la Comisión Europea, adoptado el 13/II/2001, que dio lugar a la propuesta legislativa de la Comisión por la que se establecería un nuevo sistema normativo: el Reglamento (CE) nº 1907/2006 (Reglamento REACH, acrónimo inglés para Registro, Evaluación, Autorización y restricción de las sustancias y preparados químicos). El Reglamento REACH tiene el objetivo de garantizar un elevado nivel de protección de la salud humana y del medio ambiente, así como la libre circulación de sustancias en el mercado interior de la Unión Europea, facilitando el acceso de los ciudadanos a información sobre estas sustancias químicas.

Junto con el Reglamento REACH, cabe mencionar el Reglamento (CE) nº 1272/2008 (Reglamento CLP), sobre Clasificación, Etiquetado y Envasado de sustancias y mezclas. Esta legislación introduce en la Unión Europea un nuevo sistema para clasificar,  etiquetar y envasar sustancias y mezclas químicas, basado en el Sistema Globalmente Armonizado (SGA, GHS) de las Naciones Unidas. De acuerdo con el Reglamento CLP, la industria deberá establecer los peligros de las sustancias y mezclas antes de su comercialización, y clasificarlas, etiquetarlas y envasarlas de acuerdo a los peligros identificados, con el fin de informar a los ciudadanos .

Dentro de los productos químicos peligrosos, hay que destacar los Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP), sustancias químicas que tienen una elevada permanencia ambiental por ser resistentes a la degradación, son bioacumulables (se incorporan a los tejidos de los seres vivos) y son altamente tóxicas . A ello se añade su gran potencial para transportarse a largas distancias, pudiendo llegar a regiones en las que nunca se han producido o utilizado. La comunidad internacional ha generado instrumentos para regular y controlar los COP: el más ambicioso es el Convenio de Estocolmo, negociado en el ámbito del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), cuyo objetivo es proteger la salud humana y el medio ambiente frente a los COP, eliminando y, cuando esto no sea posible, reduciendo las emisiones y las descargas de estos contaminantes.

Junto al Convenio de Estocolmo, hay que señalar también el Convenio de Rotterdam sobre el procedimiento de consentimiento fundamentado previo (CFP, PIC: Prior Informed Consent) para la exportación-importación de productos químicos peligrosos, aplicable a ciertos plaguicidas y productos químicos peligrosos objeto de comercio internacional. El objetivo del Convenio es promover la responsabilidad compartida y los esfuerzos conjuntos de las Partes que integran dicho Convenio en la esfera del comercio internacional de productos químicos peligrosos. Por tanto, se obliga a los países que tienen previsto exportar un producto químico cuya utilización esté prohibida o rigurosamente restringida en su territorio, a informar al país importador de que se va a efectuar una de tales exportaciones y contar con el consentimiento fundamentado previo (PIC) de la Parte importadora. 

Reconociendo que el mercurio es motivo de preocupación global para la salud humana y el medio ambiente, dentro del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), se ha negociado y aprobado el Convenio de Minamata sobre el Mercurio, que se firmó en octubre de 2013, después de un proceso de negociación iniciado en 2009, en el cual participaron más de 150 gobiernos, cerca de 60 ONG y 14 Organizaciones Intergubernamentales. El Convenio toma su nombre de la ciudad de Minamata, en Japón, donde en los años 50 se produjo uno de los mayores desastres sanitarios y ambientales debidos a la contaminación por mercurio. El Convenio pretende controlar las emisiones antropogénicas de mercurio, a lo largo de todo su ciclo de vida. El tema del mercurio también se ha abordado en el ámbito de la Unión Europea, a través de distinta normativa de aplicación en España.

El Enfoque Estratégico para la Gestión de Productos Químicos a nivel Internacional, conocido como SAICM, es un acuerdo voluntario desarrollado en el marco del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) para proteger la salud humana y el medio ambiente. Fue aprobado en una Conferencia Internacional sobre Gestión de Productos Químicos (Dubai, 2006), tras un proceso de negociación en el que participaron representantes de gobiernos, organizaciones intergubernamentales y la sociedad civil. Su objetivo es que, para el año 2020, los productos químicos se utilicen de forma que se minimicen de forma significativa sus impactos adversos sobre el medio ambiente y la salud humana.

Por último, resaltar las competencias que tiene el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente en materia de evaluación de riesgo ambiental, clasificación y etiquetado (peligros para el medio ambiente), en el ámbito de los productos  biocidas (Directiva 98/8/CE) y fitosanitarios (Reglamento (CE) nº 1107/2009), así como en la valoración del impacto ambiental de los fertilizantes orgánicos y órgano-minerales en el medio.