Camino Natural Cumbres de La Gomera

    Entre valles, roques y bosques milenarios

    Este Camino Natural enlaza San Sebastián de La Gomera con la playa de Vallehermoso, coincidiendo en casi toda su longitud con el sendero GR-131. A lo largo de las 3 etapas (más un ramal que une Vallehermoso con su playa) en las que se puede completar el recorrido, el viajero atraviesa gran parte de los ecosistemas de la isla (las costas y el cardonal-tabaibal en el piso basal; el bosque termófilo; la laurisilva y el fayal-brezal formando el monteverde; y el pinar canario), pudiendo contemplar la variada orografía insular, salpicada de roques de formas caprichosas, así como de profundos y encajados barrancos sobre los que habita una rica vegetación con numerosos endemismos. La magnífica representación del monteverde canario en la altiplanicie central, con su máximo exponente en el Parque Nacional de Garajonay, hace que este camino sea un auténtico regalo para los sentidos.

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    De San Sebastián de La Gomera a Degollada de Peraza

    Inicio del Camino Natural en el paseo marítimo de San Sebastián de La Gomera

    Esta primera etapa del Camino Natural transcurre entre San Sebastián de La Gomera y el mirador de la Degollada de Peraza en un recorrido ascendente de 9,6 kilómetros, a lo largo del cual es posible contemplar la arquitectura tradicional y las espectaculares vistas que ofrecen los barrancos del Cabrito y de La Laja, cuyas laderas abancaladas muestran la gran tradición agrícola de la zona.

    Un panel informativo situado a la entrada del puerto de la capital isleña marca el inicio de la etapa. Tras recorrer unos metros por el paseo marítimo, y siguiendo la señalización que aparece a lo largo del recorrido, la ruta rodea el parque de la Torre del Conde por la Avenida del Quinto Centenario para continuar, una vez cruzado el barranco de La Villa, por la Cañada del Herrero y la Avenida Las Galanas hasta llegar al paraje denominado Cañada del Herrero, donde finaliza el tramo asfaltado y aparece un nuevo panel informativo. Hay que tener en cuenta que estos primeros 1,5 kilómetros se realizan íntegramente por el casco urbano, por lo que es conveniente extremar la precaución con el tráfico rodado.

    Vista de los Roques del Sombrero y de Magro

    A partir de este punto comienza un exigente ascenso, de algo más de 1 kilómetro, por una senda empedrada que zigzaguea por la ladera de El Lomo de las Vueltas, entre el barranco de Tajinastas (al Sur) y el barranco de El Machal (al Norte), hasta llegar al paraje conocido como La Sabina o El Higueral. En esta parte del recorrido resaltan las panorámicas que se obtienen de la bahía de San Sebastián, con el Teide de la vecina isla de Tenerife como fondo. El camino, que continúa ascendiendo con una pendiente ahora menos pronunciada, se integra en un paisaje caracterizado por una vegetación de matorral típico canario con claro predominio de tabaibas (Euphorbia berthelotii) y balos (Plocama pendula).

    Tras este primer duro tramo de subida, el caminante deja atrás la pequeña población de Ayamosna, cuyo entorno era conocido por ser uno de los graneros más importantes de la isla. El camino, empedrado en este tramo, cruza la carretera de acceso a la pequeña población y continúa unos metros por una pista asfaltada. Enseguida la ruta se desvía a la izquierda por una senda empedrada, desde la que el viajero puede disfrutar en toda su plenitud de las espléndidas vistas que ofrecen los roques del Sombrero y de Magro, ambos pertenecientes al Monumento Natural del Barranco del Cabrito, con innumerables bancales escalando las laderas. Estas auténticas obras de ingeniería popular, consistentes en la construcción de pequeños muros verticales de piedra, consiguieron ganar algo de suelo cultivable en el entorno insular tan poco generoso para el cultivo. La mayoría de estos bancales, en los que antiguamente se sembraba trigo, cebada y chícharos (nombre común dado a varias especies de leguminosas y a sus semillas), hoy se encuentran cubiertos por tabaibas y pitas (Agave americana) y son pastoreados por ganado ovino y caprino. Desde este punto se observa la distribución característica de la vegetación en estos barrancos, con numerosas plantas rupícolas y alguna mancha aislada de cardonales sobre los escarpes; en los piedemontes y fondos de barranco, la vegetación es de matorral con abundancia de balos, aulagas (Launaea arborescens) y tabaibas, mientras que en las laderas se aprecian algunas concentraciones de cardones (Euphorbia canariensis) y palmeras canarias (Phoenix canariensis).

    Vista general del camino al filo del barranco de Las Lajas

    El trazado del camino continúa ganando altura y pronto comienzan a aparecer bellos ejemplares dispersos de palmera canaria ocupando pequeñas vaguadas. Alcanzado el collado situado a los pies del cerro Tagamiche, el camino torna a la derecha y bordea la montaña de la Vegueta, en dirección al mirador de Degollada de Peraza, transformado en un sendero, bien perfilado y protegido en las partes más aéreas de su recorrido por una barandilla, que discurre al filo del barranco de Las Lajas y que ofrece unas espectaculares vistas de éste, del núcleo rural de La Laja y de Chejelipes. En el cauce del barranco también se pueden divisar las presas de Palacios y de Chejelipes.

    En la parte final de esta etapa comienzan a aparecer los primeros brezos (Erica arborea) entre tabaibas, jaguarzos (Cistus monspeliensis), pitas y palmeras y que acompañan al viajero en el sendero de subida hasta el mirador de Degollada de Peraza, donde se pone fin a esta primera parte del Camino Natural; antes de continuar con la siguiente etapa del recorrido, es recomendable cruzar la carretera GM-2 y contemplar una panorámica del barranco de Juan de Vera.

    De Degollada de Peraza a Chipude

    Mirador de Degollada de Peraza: punto de partida de la segunda etapa

    Los 16,3 kilómetros de la segunda etapa del Camino Natural, desde la Degollada de Peraza hasta la plaza de Chipude, discurren por un espectacular paisaje de orografía abrupta, salpicado de roques e impresionantes barrancos. Este tramo atraviesa una de las zonas de mayor valor natural de la isla, el Parque Nacional de Garajonay, donde se conserva la mejor representación de laurisilva de todo el archipiélago canario.

    El mirador de Degollada de Peraza es el punto de partida de esta segunda etapa. El recorrido comienza en la senda que aparece a la derecha del panel, para continuar por un tramo de escaleras adyacente a la carretera GM-2 por el que se llega a una pequeña zona llana, conocida por el nombre de Los Campos de las Nieves. Los brezos que comienzan a aparecer en este tramo indican que nos adentramos en la zona de transición de la vegetación hacia los límites del monteverde.

    Después de recorrer unos 800 metros, y tras tomar un desvío a la derecha a la altura de una vivienda particular, se alcanza la intersección con la carretera que lleva a la ermita de las Nieves, pudiendo comprobar cómo el brezal va aumentando de talla y desarrollo según el camino se aproxima a ésta. Una rampa de piedra hacia la derecha conduce hasta el área recreativa de la ermita de las Nieves, dotada con numerosas mesas y parrillas donde el viajero puede tomar un descanso y disfrutar del entorno. En el interior de la ermita se encuentra la imagen de la Virgen de la Salud, cuya festividad se celebra el segundo domingo del mes de octubre.

    Espectaculares cortinas de musgos tapizan los árboles de la laurisilva

    Continuando la ruta, el viajero atraviesa un punto donde el camino se encaja entre taludes tapizados por musgos. Descendiendo entre pinos canarios y densos brezales se alcanza la carretera GM-2, a la derecha de la cual se puede contemplar una tupida masa forestal cubriendo las laderas del barranco de Las Lajas. El trayecto prosigue por una estrecha pasarela metálica paralela a la carretera desde la que se puede apreciar de cerca, en uno de los taludes, un típico dique volcánico. Unos metros más adelante, el caminante puede detenerse en el mirador donde se erige el monumento a las víctimas del trágico incendio forestal de 1984 y, al mismo tiempo, contemplar la imponente mole del roque de Agando, en la cabecera del barranco de Benchijigua. El camino continúa en dirección al mirador de los Roques desde donde, si las brumas tan frecuentes en la zona lo permiten, se pueden contemplar de nuevo las escarpadas laderas del barranco de Benchijigua.

    Una vez cruzada la carretera, el camino se adentra de lleno en el fayal-brezal tan característico de la isla, donde fayas (Myrica faya) y brezos arbóreos se combinan con otras especies como el acebiño (Ilex canariensis), el follao (Viburnum rigidum) y el peralillo (Maytenus canariensis), además de una gran abundancia de helechos. Cruzando de nuevo la carretera, el camino asciende serpenteante entre este bosque donde hiedras, largas cortinas de musgos y líquenes cubren los troncos de los árboles. En el sentido del avance, un cartel señaliza un desvío que el viajero no debe dejar de tomar, pues conduce hasta el espectacular Mirador del Morro de Agando; desde aquí se contempla en conjunto el Monumento Natural de los Roques, impresionante grupo de pitones volcánicos que componen uno de los paisajes más impactantes del camino, con el roque de Agando de frente y los roques de La Zarcita y de Ojila a la izquierda del mirador. Este lugar también sirve para contemplar como la naturaleza lentamente vuelve a colonizar esta zona tan devastada en el incendio de agosto de 2012, que afectó a 3.000 ha en la isla y arrasó más del 20 % de la superficie del Parque Nacional de Garajonay. De nuevo en el camino principal, una pasarela de madera facilita el cruce de la carretera GM-2 y conduce hasta el mirador de Tajaqué, desde el que, siempre que las habituales nieblas transportadas por los vientos alisios lo permitan, se puede contemplar una vez más la caldera de Benchijigua, uno de los grandes barrancos de la isla en el que se encuentra la Reserva Natural Integral del mismo nombre.

    El camino continúa unos metros junto a la carretera, para luego descender por la ladera donde el viajero puede comprobar la lenta pero gradual recuperación del bosque en las zonas afectadas por el paso del incendio de 2012, observando como la mayoría de las fayas han rebrotado de cepa con vigor. Más adelante, la senda confluye en una pista forestal que hay que coger a la derecha hasta alcanzar de nuevo la carretera. En este punto la ruta prosigue paralela a la GM-2, ofreciendo vistas a la zona conocida como el lomo de La Mulata, con el roque de Agando en el horizonte, hasta alcanzar la rotonda de Pajarito.

    A la izquierda del cruce, perfectamente señalizado al igual que todo el recorrido, comienza un sendero ascendente de casi 1 km que, en su primer tramo, muestra al viajero como eran estos montes antes del incendio de 2012. Un fayal-brezal joven, donde brezos, fayas y algunos laureles son acompañados de un sotobosque claro de cerrajones (Sonchus hierrensis) y ortigones (Urtica morifolia), que escoltan al viajero durante la ascensión al alto de Pajarito. Un desvío a la izquierda conduce directamente al alto de Garajonay, que con sus 1.487 m de altitud es la cumbre más elevada de la isla, pudiendo observar en días claros las vecinas islas de Tenerife, La Palma, El Hierro, incluso Gran Canaria. En este lugar, el viajero puede detenerse y contemplar los numerosos valles, barrancos, fortalezas y roques de la isla. Rodeando la construcción en piedra que se levanta en el alto y que representa un conjunto ceremonial de los gomeros prehispánicos, el caminante debe tomar una pista de piedra hacia la derecha, comenzando el suave descenso hacia Igualero. En este punto confluyen varias rutas, pero la señalización del camino permite sin problemas continuar el recorrido. Con la imponente silueta de uno de los más singulares accidentes geográficos de la isla guiando el avance, la Fortaleza de Chipude, en poco más de 1 km se abandona la pista forestal para tomar un sinuoso sendero descendente a la derecha, desde el que se puede apreciar la labor de recuperación forestal realizada en la zona afectada por el incendio de 2012.

    Un conjunto de varios pitones volcánicos forman el  Monumento Natural de los Roques

    Alcanzada ya la carretera CV-17, el camino continúa por la calzada de acceso a Igualero, aunque pronto se desvía por un sendero a la derecha paralelo a la carretera y que conduce hasta la explanada donde se ubica el mirador de Igualero. Este mirador cuenta con un monumento al silbo gomero y con una ermita construida en homenaje a San Francisco de Asís, patrón del gremio forestal. Vale la pena detenerse en este punto y observar una panorámica completa del barranco de Erque, dentro del Paisaje Protegido de Orone, con el Monumento Natural de la Fortaleza de Chipude como fondo y observar cómo la densa vegetación de la altiplanicie central de la isla queda sustituida por la presencia de matorrales y, poco a poco, por un paisaje cada vez más árido.

    El recorrido continúa por el camino asfaltado a la izquierda de la ermita y que desciende hasta el pueblo de Igualero. En poco más de 500 m, y tras tomar un desvío a la derecha, el camino se transforma en un sendero que, al filo de una vertiginosa ladera y con la Fortaleza en el horizonte, rodea el barranco de Erque ofreciendo al viajero un completo panorama del mismo.

    Una vez pasada la presa China, la ruta continua unos 700 metros por un tramo asfaltado y compartido con el tráfico rodado, para posteriormente desviarse a la izquierda por un sendero que pasa bajo la cara norte de la Fortaleza, a cuyos pies se encuentra el núcleo rural de Pavón. En las caras casi verticales de esta emblemática montaña se puede apreciar una rica flora rupícola, con especies amenazadas como el cabezón de sataratá (Cheirolophus satarataënsis) o la siempreviva (Limonium redivivum), entre otros endemismos.

    Una vez en Pavón, y tras cruzar la carretera CV-12 y el barranco de Iguala, el camino continúa unos 900 metros paralelo a dicha carretera hasta llegar a la localidad de Chipude, término municipal de Vallehermoso, en cuya plaza se pone punto final a esta segunda etapa del Camino Natural.

    De Chipude a Vallehermoso

    La frondosidad de la laurisilva apenas permite el paso de los rayos de sol

    Con una longitud de 14 kilómetros, la tercera etapa del Camino Natural parte de la plaza de Chipude y, tras atravesar los núcleos rurales de El Cercado y Las Hayas, donde destaca la artesanía y la gastronomía tradicional, se adentra en pleno corazón del Parque Nacional de Garajonay, en la zona del Jardín de Las Creces, para terminar en el pueblo de Vallehermoso, históricamente uno de los principales ejes de la agricultura de exportación. Desde este último punto el caminante puede hacer una extensión del recorrido a través de un ramal de 3,7 kilómetros, hasta la playa de Vallehermoso.

    A las faldas de la zona arqueológica de la Fortaleza está situada la localidad de Chipude, punto de partida de la tercera etapa del Camino Natural. Comenzando tras el panel informativo que existe en uno de los laterales de la plaza, donde destaca la ermita de Nuestra Señora de la Candelaria del siglo XVI, la ruta bordea la localidad hasta que se une con la CV-18 a la altura de Los Lavaderos de la Vica. Tras recorrer unos 200 metros por la carretera, el camino se desvía a la izquierda para atravesar el barranco de Los Manantiales, aún bajo la imponente presencia de la Fortaleza de Chipude, que el viajero poco a poco va dejando atrás.

    Después de volver a cruzar la CV-18, el camino continúa hasta El Cercado, núcleo rural de gran tradición alfarera donde se sigue trabajando el barro sin la ayuda del torno a la manera prehispánica, mostrando un paisaje salpicado de palmeras canarias, huertas y antiguos bancales en el barranco de La Matanza. El camino atraviesa el núcleo urbano hasta llegar al panel informativo situado al final del pueblo, donde la ruta abandona la zona asfaltada para transformarse en un sendero que de nuevo conduce al viajero por un bello paisaje de laderas abancaladas sobre la cabecera del barranco del Agua, perteneciente a Valle Gran Rey, donde se encuentra el parque rural del mismo nombre, sin duda, el más impresionante de los barrancos de La Gomera. En las partes más altas se distinguen las capas de roca de sucesivas erupciones volcánicas, apareciendo al fondo varias poblaciones que se asientan sobre las fértiles tierras de los fondos de valle. Es una de las vistas más espectaculares del camino. Tras un corto pero continuado ascenso atravesando un tramo en el que se debe prestar atención a posibles desprendimientos, se alcanza el núcleo rural de Las Hayas, precedido de un magnífico palmeral. Los últimos 680 metros transitan por la carretera que atraviesa la pequeña población. Tomando el camino del Coromoto, se alcanza la ermita de la localidad, en la que existe una zona acondicionada con mesas, parrillas y fuente de agua potable. En pocos metros, el viajero se adentra de nuevo en los límites del Parque Nacional de Garajonay.

    El Roque Cano se alza imponente en el valle de Vallehermoso

    Tras tomar un desvío a la derecha por un estrecho sendero, pronto se alcanza otro camino que permite disfrutar de nuevo de la magia de estos bosques de laurisilva, envueltos habitualmente en brumas que proporcionan a la vegetación la llamada lluvia horizontal, cuyo aporte de agua llega a superar incluso al de las precipitaciones verticales. La etapa prosigue hasta llegar a la zona recreativa de Las Creces, antigua majada donde se criaba ganado hasta los años 50, que actualmente ofrece al viajero un rincón donde tomar un descanso y refrescarse bajo los grandes árboles.

    Tras cruzar la carretera dorsal (GM-2), comienza el descenso por la ladera de la montaña de Araña entre un atractivo bosque de laurisilva, donde los abundantes musgos y líquenes continúan cubriendo completamente los troncos de los árboles. El mirador Risquillo del Corgo ofrece una amplia panorámica de la cuenca de Vallehermoso, históricamente la zona agrícola más productiva de la isla. La ruta continua por la cumbre pasando por una zona de transición entre el monteverde y el bosque de sabina canaria (Juniperus phoenicea var. canariensis) más extenso del archipiélago, zona conocida como la meseta de Vallehermoso. Una vez que el camino atraviesa la pista forestal que va a la ermita del Carmen, comienza un descenso serpenteante, en el que se suceden tramos escalonados con peldaños de madera, que conducen hasta un cerro rocoso desde el que se puede contemplar el fértil valle de Vallehermoso, flanqueado por el roque Cano, donde las sabinas salpican a modo de lunares toda la ladera. Siguiendo las indicaciones del camino, se llega a un nuevo cruce de caminos con una pequeña captación de agua, para continuar por un corto pero pronunciado descenso entre viñedos abancalados al pie de una gran pared de roca, que conduce hasta la pista asfaltada que va a La Rosa de las Piedras, pequeño núcleo rural situado en el barranco del Ingenio. En poco más de 400 metros se alcanza la presa de La Encantadora, una de los principales embalses de la isla, donde un área recreativa con varios paneles indicadores invita a descansar y disfrutar de este paraje.

    Panorámica del barranco del Ingenio

    La ruta continua bordeando la presa por su lado derecho, en un tramo de 1,25 kilómetros de camino mal asfaltado que transita a los pies del roque Blanco, por el cual habrá que ir con precaución al estar compartido con vehículos y presentar riesgo de desprendimientos. En este punto el camino se transforma en una senda, iniciándose un exigente ascenso de, aproximadamente, 500 metros, durante el cual se puede disfrutar del paisaje, la geología y la vegetación predominante en la zona norte de la isla. Además del fayal-brezal, la cercana cara norte del roque Blanco alberga importantes poblaciones de plantas rupícolas, muchas de ellas endémicas, y la mejor comunidad de madroño canario (Arbutus canariensis) de la isla.

    Al final de la subida, el caminante podrá deleitarse con las fascinantes vistas de los barrancos del Ingenio (Oeste) y de Garabato (Este) bajo la imponente figura del roque Cano, a cuyos pies se encuentra Vallehermoso. Desde aquí y hasta alcanzar dicha localidad, el camino desciende proporcionando bellas panorámicas del barranco del Ingenio y su valle moteado de palmeras canarias y bancales.

    El camino se adentra en Vallehermoso por la carretera del barranco del Ingenio y, siguiendo las señales que van apareciendo en distintos puntos de la localidad, desemboca en la plaza del Ayuntamiento, donde un cartel informativo indica el final de la etapa. En esta misma plaza se puede enlazar con una de las etapas del Camino Natural Costas de La Gomera, con el que tendremos posibilidad de volver a cruzarnos en la playa de Vallehermoso.

    De Vallehermoso a la playa de Vallehermoso

    Fondo del barranco del Valle con el barrio de Valle Abajo en el horizonte

    Desde el centro urbano de Vallehermoso el viajero tiene la posibilidad de continuar el camino siguiendo el ramal de 3,7 kilómetros que lleva a la playa de Vallehermoso. Tras recorrer unos 400 metros por el casco urbano siguiendo la carretera hacia la playa, la ruta se desvía a la derecha y cruza el cauce del barranco del Valle por una pequeña pasarela. Los siguientes 2 kilómetros transitan al borde del margen derecho del barranco, a los pies del roque Cano, mostrando un paisaje característico de laderas abancaladas y fondos de barranco moteados de palmeras canarias, plataneras y numerosas huertas.

    A la altura del núcleo rural de Valle Abajo, el camino se desvía a la izquierda para cruzar de nuevo el cauce del barranco y realizar los últimos 1,1 kilómetros por la carretera hasta llegar al parque marítimo de Vallehermoso (playa de Vallehermoso) que marca, ahora sí, el punto final del Camino Natural Cumbres de La Gomera. En este punto se puede enlazar nuevamente con el Camino Natural Costas de la Gomera, que recorre toda la franja costera de la isla.

    Desde aquí se pueden observar, enclavados bajo un acantilado de gran peligrosidad por los desprendimientos que hacen poco recomendable su visita, los restos del antiguo pescante que, al igual que en otros municipios del norte de la isla, se construyó con el fin de facilitar las exportaciones agrícolas.

    Información adicional de la ruta

    San Sebastián de La Gomera

    San Sebastián, capital y puerta de entrada a la isla de La Gomera, destaca por su histórico pasado al ser el último punto de partida de Cristóbal Colón hacia el descubrimiento de América.

    Como huellas de su historia destacan la Torre del Conde o de los Peraza, fortaleza de origen medieval y la construcción más antigua conservada en las Islas; la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un verdadero museo de arte sacro con obras de los siglos XVI al XIX; la ermita de San Sebastián, levantada hacia 1530 o la llamada Casa de la Aguada, con su pozo de donde cuenta la leyenda que Cristóbal Colón tomó el agua con el que fue bautizado el nuevo continente.

    Además, es un extenso municipio salpicado de pequeños núcleos rurales de bellas construcciones de arquitectura tradicional canaria, como los de La Laja, Vegaypala o Tejiade, testigos de su pasado agrícola.

    Roques y fortalezas

    La Gomera es una isla volcánica con formaciones geológicas cuyo complejo basal tiene una antigüedad de más de 20 millones de años, formada por acumulación de materiales emitidos en distintos periodos eruptivos intercalados con largos periodos de calma. A diferencia del resto de islas del archipiélago, las últimas erupciones se produjeron hace más de dos millones de años y la erosión diferencial de los materiales emitidos, ha dado lugar a estas impresionantes formaciones geológicas.

    Los roques son formaciones geológicas de origen volcánico formadas por la acumulación de densas masas de lava que quedaron retenidas en los conductos volcánicos sin llegar a aflorar a la superficie, enfriándose muy lentamente y solidificándose en el interior. La erosión posterior de los materiales que recubrían estas lavas centrales, originó los numerosos pitones que aparecen en la isla como el roque Cano o el roque de Agando.

    Fortaleza es el nombre que reciben determinadas montañas, de paredes rocosas y cima más o menos plana. La Fortaleza de Chipude, que alcanza una altitud de 1.243 m sobre el nivel del mar y tiene un diámetro de 300 metros, es una de las más llamativas de Canarias, claramente visible desde la isla de La Palma. Su origen es intrusivo (traquiandesitas, de naturaleza ácida y gran viscosidad), formado por la acumulación de lavas muy viscosas sin apenas recorrido en la superficie que quedaron acumuladas en la boca de la chimenea volcánica y que la erosión ha dejado al descubierto. Es Monumento Natural desde 1994, y está incluida en el área del Paisaje Protegido de Orone, Asimismo, forma parte de la Red Natura 2000 como Zona Especial de Conservación.

    Esta montaña, al parecer de carácter sagrado para los gomeros prehispánicos, era conocida como Argodey en lengua aborigen y conserva uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de La Gomera habiendo sido declarado Bien de Interés Cultural.

    Parque Nacional de Garajonay

    El Parque Nacional de Garajonay fue creado en 1981 con el fin de proteger la mejor muestra conservada de laurisilva canaria, y fue incluido en 1986 en la lista del Patrimonio Mundial por la UNESCO como reconocimiento a sus valores naturales, consiguiendo así la máxima categoría que puede alcanzar un Espacio Natural Protegido. Ocupa una extensión de 3.984 ha, localizándose en la altiplanicie central de la isla de La Gomera.

    La presencia durante todo el año del mar de nubes provocado por el choque de aire húmedo transportado por los vientos alisios del noreste con las cumbres de las islas hace que el aire se eleve y se condense formando una zona de nieblas, indispensable para la existencia del monteverde canario, formación vegetal dominante y característica del Parque.

    Bajo el término de monteverde se engloban los dos tipos de bosque que ocupan el 85% de la superficie del parque; la laurisilva, bosque nuboso subtropical con árboles cuyas hojas se parecen a las del laurel, característica del cual toma el nombre, como el viñatigo (Persea indica), el tilo (Ocotea foetens), el laurel (Laurus azorica), el palo blanco (Picconia excelsa), el acebiño (Ilex canariensis) o el sanquino o sanguinero (Rhamnus glandulosa), con una gran cantidad de musgos, helechos y plantas herbáceas que ocupan los enclaves más húmedos y umbrosos, y el fayal-brezal, formaciones con elevada presencia de brezos de porte arbóreo (siendo el parque uno de los lugares del mundo donde estas plantas alcanzan mayor tamaño) y fayas, que aparecen en lugares más secos, con peores suelos -por ello suelen aparecer en los límites superiores de la laurisilva y en las zonas escarpadas y expuestas al viento- o como resultado de la degradación de la laurisilva por la acción antrópica.

    En el Parque Nacional de Garajonay habitan multitud de especies de flora y fauna, contando con unos 120 endemismos vegetales y más de 150 animales, lo que le convierte en el lugar de Europa con mayor número de endemismos por unidad de superficie.

    Vallehermoso

    Vallehermoso es la capital del segundo municipio más extenso de la isla, con una población de casi tres mil personas en 2013, estando situado en la parte noroccidental de la misma.

    Destacan las edificaciones señoriales de su casco histórico, desarrollado en torno a la iglesia de San Juan Bautista, con numerosas casonas de dos plantas de tejado a cuatro aguas y teja árabe, testigos del protagonismo y la tradicional riqueza agrícola de la comarca. No en vano, Vallehermoso era ya en el siglo XVII el núcleo más próspero de la isla, gracias al comercio de exportación del vino. A finales del siglo XIX, la llegada de nuevos cultivos hortícolas como el tomate, y sobre todo el plátano, que se cultivaron en los fondos de valle y las laderas más favorables, mejoraron la economía local, aunque finalmente el mercado terminó decayendo.

    Cabe destacar la riqueza de la artesanía del municipio, albergando a los mejores alfareros tradicionales y constructores de instrumentos musicales como son las chácaras y el tambor de La Gomera.

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