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Etapa 20: Castilblanco - Herrera del Duque

  • Etapa 20: Castilblanco - Herrera del Duque

Por la dehesa extremeña camino del embalse de García de Sola

La etapa comunica las localidades de Castilblanco y Herrera del Duque, discurriendo siempre por caminos asfaltados y, en todo su recorrido, por ámbito ganadero, por pastizales con presencia de retamas o dehesas de encinas sobre pastos.

Perfil MIDE de la Etapa Castilblanco-Herrera del Duque

Se parte de la localidad de Castilblanco, de la plaza donde se ubica la parada de autobuses interurbanos. Discurre por calles estrechas entre puntos de interés, como la Iglesia de San Cristóbal, edificio del siglo XV de estilo mudéjar, de ladrillo color rojo, aunque para visitarla habrá que apartarse un tanto de la ruta.

La etapa utiliza para salir del pueblo la antigua carretera de acceso a Castilblanco, la BA-049, y se interrumpe en el momento en que cruza con la N- 502 por el discurrir de esta carretera nacional.

Balsa creada a expensas de las aguas del arroyo de la Peña

La etapa reaparece aproximadamente ocho kilómetros después, una vez superado el valle del Guadiana, en el momento en el que, desde el arcén izquierdo de la N-502, comienza a discurrir por caminos agrarios con firme de tierra. Uno de ellos es la vereda Honda del Camino de la Neva, vía pecuaria cuyo trazado aprovecha por espacio de unos cuantos centenares de metros. El territorio que recorre es ganadero, con inclusiones muy ocasionales de parcelas de cultivo en secano.

Vista del camino con el castillo de Herrera a la izquierda

Un aspecto reseñable de esta etapa en esta zona al norte de Herrera del Duque, es el ingenio de la gente del lugar para la creación de balsas artificiales para que abreve del ganado. Es común la construcción de azudes, a veces escalonados, para el embalsamiento del agua que circula por los pequeños arroyos. Caminando por sus riberas es curioso ver saltar a cada paso las pequeñas ranitas de San Antonio (Hyla arborea).

Vista del embalse de García de Sola desde la carretera N-502

Después de atravesar una zona en que el Camino se adentra en la dehesa, vuelve a emerger a la planicie desarbolada, sirviendo como referencia visual del acercamiento a Herrera del Duque, primero el castillo de Herrera, ubicado en lo alto de la sierra del Chamorro, y después la propia localidad, situada al final de una extensa llanura en ligera pendiente descendente, toda ella ocupada por pastos y explotaciones ganaderas.

Iglesia de San Cristóbal

La ruta accede a la localidad a través de una pequeña urbanización (todavía en construcción en el momento de edición de este libro). Ya en las calles asfaltadas de Herrera del Duque, atraviesa la plaza donde se ubica el palacio de Cultura y, después de recorrer una larga y amplia calle, desemboca en la avenida la Palmera, donde finaliza. La avenida posee un bulevar central ajardinado, con bancos donde reponer fuerzas para la siguiente etapa. También cuenta con varios paneles informativos con datos de los aspectos culturales más relevantes de Herrera, por si el usuario de la ruta quisiera conocer más a fondo el pueblo antes de reemprender la marcha.

El caminante debe saber que gran parte de su recorrido, al igual que en etapas anteriores, ha transcurrido por espacio protegido, en este caso el LIC (Lugar de importancia Comunitaria) “Puerto Peña-Los Golondrinos” y la ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) del mismo nombre.

Información adicional

Iglesia de San Cristóbal

La iglesia de San Cristóbal de Castilblanco es un templo originario del siglo XV de estilo mudéjar, ejecutado en mampostería y ladrillo de aparejo toledano. El campanario era una de las torres de la fortaleza templaria original, así como algunos de sus muros.

El templo ha sufrido múltiples transformaciones a lo largo de la historia, por lo que lo único que conserva de su aspecto original es su estructura. Está dividido en tres naves, la central más alta y rematada en un ábside con bóveda de cuarto de naranja. A los pies se sitúa un coro de madera montado en el siglo XVIII y debajo de éste el baptisterio que conserva una pila gótica. La cubierta original constaba de un artesonado de madera tallada, el cual desapareció en un incendio en el siglo XIX.

En cuanto a la ornamentación interior, los retablos que decoraban el templo han ido desapareciendo en distintas épocas al igual que las tallas, conservándose en la actualidad únicamente un cristo yacente del siglo XII, lo que constituye una rareza dentro del románico.

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