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Camino Natural de la Sèquia

  • Camino Natural de la Sèquia

Una acequia en el corazón de Cataluña

Según cuentan las crónicas, en el siglo XIV toda la comarca del Bages sufrió una devastadora sequía que obligó a sus habitantes a reclamar una mejor distribución del agua para evitar en el futuro problemas de abastecimiento. La solución definitiva del problema llegó en 1383, cuando finalizó la construcción de la Sèquia, un canal de 26 kilómetros que desde hace más de seiscientos años continúa llevando las aguas del Llobregat desde Balsareny a Manresa.

Perfil MIDE del CN de la Séquia

Para el mantenimiento de esta impresionante obra de ingeniería se acondicionó un camino paralelo, cuyo trazado se encuentra cómodamente acondicionado para el paseo.

Ánade real (Anas platyrhynchos)

El punto de inicio de este Camino Natural es la Reclosa dels Manresans en Balsareny, donde las aguas del Llobregat son captadas en una represa semielíptica, construida originalmente con troncos de madera y más tarde recubierta con hormigón. En una caseta adyacente se regula la entrada de agua al canal que en este primer tramo es subterráneo. Es un lugar muy interesante por ser punto de reunión de numerosas aves acuáticas y por ello se ha instalado un puesto de observación desde donde es posible avistar entre otras muchas especies, cormoranes (Phalacrocorax carbo), ánades reales (Anas platyrhynchos), fochas (Fulica atra), pollas de agua (Gallinula chloropus) e infinidad de paseriformes.

Desde la represa de Balsareny, el Camino discurre a orillas del Llobregat entre un bosque de ribera que da paso a un conjunto de abarrotadas y centenarias huertas, que dependen de las aguas de la Sèquia. El primer cruce da la opción de acercarse hasta el castillo de Balsareny, construcción de estilo gótico, a tan sólo 1,6 kilómetros, aunque la ruta continúa hacia el Acueducto de Santa María, que el viajero encontrará antes del solemne puente que en este punto se eleva sobre el río Llobregat. Allí mismo el visitante puede tomar agua en la Fuente de Sant Roc, antes de continuar su marcha entre pequeños huertos.

Paso por encima de la acequia a la altura del poblado ibérico del Cogulló

El Camino pasa por debajo de la carretera y discurre paralelo a ella por un paseo entre nogales (Juglans regia). En este punto se distingue la antigua fábrica de textil “El Molino”, y un poco más adelante se encuentra un pequeño desvío hacia la izquierda que lleva hasta el Acueducto de la Vinya d' en Martí. La ruta sigue su recorrido a la vera de la acequia y acompaña a la carretera hasta un nuevo cruce con la misma donde, al no haber un paso acondicionado para peatones, hay que extremar las precauciones ya que en este punto los vehículos circulan a gran velocidad.

El siguiente tramo de la senda deja una cantera a su derecha antes de llegar a un área de descanso, dónde un panel interpretativo describe las características más destacadas del trayecto. En todo momento la señalización, indica la dirección a tomar y la distancia que resta hasta el siguiente punto de interés, el Acueducto de Conangle, que fue construido en 1340 y consta de siete arcos con una longitud total de 103 metros.

La acequia atraviesa una granja hasta llegar a los alrededores de Sallent, acercándose al trazado de la autovía. En este punto está canalizada de forma subterránea siguiendo el trazado de la carretera, pero el camino discurre paralelo a una vía del tren que transporta a Barcelona las sales de potasio de las minas de Sallent, que se encuentran más adelante. Dejando el desvío hacia el acueducto de Vilar, hoy en día en desuso, se prosigue hasta cruzar por encima de las vías, donde la acequia sale de nuevo a la luz.

Uno de los pequeños acueductos por los que fluye el agua de la Sèquia

Las montañas contiguas de aspecto lunar, son los restos minerales resultantes de las labores de extracción de potasio que atraen la atención del caminante hasta llegar al desvío del poblado ibérico del Cogulló, que era un “oppidum” o poblado amurallado que fue abandonado en época romana. Para visitarlo es necesario pedir cita con antelación en el teléfono 938370966.

El Camino continúa junto a la Sèquia, cruzándola en ocasiones antes de llegar a la Mas de Les Coves, casa solariega que conserva la típica estructura medieval con recinto fortificado presidido por una torre defensiva, desde este punto la senda se abre a un paisaje rural de tierras de labor, en medio de las que se levanta la ermita románica de Santa Magdalena Bell-lloch, a la que se puede acceder desde el mismo cruce que lleva a la Font del Rei, a escasos 150 metros.

Más adelante se adentra en un frondoso bosque de encinas (Quercus ilex) donde, en un claro, se encuentra el Anfiteatro de la Sala, un espacio empleado como Aula de Naturaleza al aire libre.

Ermita i Mas de Santa Iscle

El agua fluye por la Sèquia pasando por los treinta y un acueductos que atraviesa en su recorrido, hasta que en la lejanía se distingue el polígono industrial de Santa Ana. Tras atravesarlo es necesario seguir la dirección que conduce hacia el Acueducto de Bonegues, para seguir después por un agradable paseo bajo pinos (Pinus sp.) que desemboca en una carretera que, una vez más, hay que cruzar con precaución.

El Camino continúa por tierras arcillosas hasta la depuradora de Aguas Potables de Sant Fruitós de Bages, ofreciendo en la primera intersección, ubicada un poco más adelante, la posibilidad de acercarse a visitar la capilla románica de Santa María, edificada en el siglo XII, muy bien conservada, o la de Santa Anna de Claret, construida en 1762, de estilo barroco.

A escasos 600 metros asomará la Casa del Sequiaire, edificio donde vivía tradicionalmente el encargado del mantenimiento de la acequia. Tras cruzar otro de los impresionantes acueductos, esta vez el del Riu d’Ordoscientos, el Camino alcanza la zona de recreo de la Font de la Riera, donde es posible recargar las provisiones de agua mientras se disfruta de un reparador descanso.

El último tramo del recorrido serpentea entre huertas y cultivos, en ocasiones custodiados por espantapájaros, hasta atravesar las vías del tren para acercarse a la “Ermita i Mas de Sant Iscle”, una de las casas de origen medieval más antiguas de la comarca de Bages, donde también se puede visitar otra iglesia románica.

Tras pasar un área de descanso, se salva por un túnel la carretera C- 25, desembocando en el Parque de L’Agulla, donde un estanque artificial garantiza el abastecimiento de agua y recoge el caudal del canal, finalizando el recorrido de este Camino Natural a escasos metros del centro de visitantes del Parque de la Sèquia.

Información adicional de la ruta

La Misteriosa Luz

En el siglo XIV, el pueblo de Manresa, tras una época de dura sequía, reclamó la construcción de una acequia que garantizase el abastecimiento de agua al rey Pere III de Cataluña. El obispo de Vic se opuso a la obra de la Sèquia porque se negaba a que el canal atravesase las tierras del obispado, llegando a amenazar con excomulgar a los manresanos si se comenzaba aquella obra.

Cuentan que entonces se produjo un milagro que se repitió tres veces: un sorprendente haz de luz alcanzó la Iglesia del Carme desde la cordillera de Montserrat. Este suceso se interpretó como una señal divina que hizo que el obispo de Vic cambiara de parecer y concediera el permiso.

Después de cinco años de interrupción de las obras, el rey promulgó la denominada “Concordia” que fue apoyada por el Papa Clemente VI y el agua finalmente llegó a la capital de la comarca del Bages.

Desde entonces cada febrero se celebra en conmemoración de estos prodigiosos hechos una fiesta popular llamada “La Festa de la Llum”.

El Parc De L’Agulla

En el año 1962 la Junta de Aguas de Manresa vio la necesidad de construir un lago artificial para garantizar el suministro de agua a la ciudad en caso de avería de la Sèquia.

Las obras comenzaron cuatro años después pero, debido al tipo de terreno, fue necesario recubrir toda la superficie del estanque con losas de hormigón armado, terminándose su construcción en el año 1974.

Este lago enclavado en el Parque de l’Agulla, tiene una capacidad de 200.000 metros cúbicos de agua y asegura el abastecimiento a los depósitos de la ciudad durante seis o siete días.

Para evitar la instalación de industrias en el entorno del embalse, se creó un espacio de protección que hoy constituye el Parque de l’Agulla y es uno de los lugares de recreo preferido por los manresanos.

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