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Desarrollo Rural

Etapa 11: Bello - Santibáñez

  • Etapa 11: Bello - Santibáñez

Por el cordal de Coto Bello

Partiendo del núcleo rural de Bello (Beyo) con dirección sur, la etapa se desarrolla por el concejo de Aller hasta Santibáñez de Murias, comunicando el valle del río Aller con el del río Negro a través del cordal de Coto Beyo, una zona con un pasado minero apenas perceptible hoy en día debido a la restauración vegetal llevada a cabo en la zona.

Perfil MIDE de la Etapa Beyo-Santibáñez

La ruta parte de la población de Bello, situada a unos cuatro kilómetros de Cabañaquinta, capital del concejo de Aller. En Bello podremos visitar la iglesia parroquial, de finales del siglo XVII, así como la casona de Los Solís Castañón, un edificio representativo de la arquitectura civil del XVIII. Perteneció a D. Francisco Solís Castañón, regidor perpetuo del concejo de Laviana, quien reedificó la casa en 1784.

Panel de inicio de etapa en la localidad de Bello

Encontraremos el panel de inicio de etapa situado en un pequeño parque pocos metros después de entrar en Bello. Siguiendo las señales direccionales de la ruta, el camino se adentra en la población y, poco después de cruzar el puente sobre el río Bello, abandona el núcleo rural por una pista, que al principio es de hormigón y luego de zahorra, en fortísimo ascenso.

El primer tramo del camino asciende en pronunciada pendiente, entre prados y pequeños bosquetes de castaños (Castanea sativa), por una pista estrecha de tierra, desde la que tendremos, hacia atrás, preciosas vistas del macizo de Peña Mea.

Fuente-abrevadero cubierta de musgo y helecho presente en el camino

Entre laderas de helecho, zarza y zonas de matorral compuestas por brezal-tojal, el camino continúa subiendo hacia el cordal de Coto Beyo, hasta llegar al alto, a unos 1.200 metros de altitud aproximadamente, donde la ruta abandona la pista de tierra para incorporarse a la carretera.

En este punto existen dos variantes, una de las cuales consiste en descender por la carretera en dirección a la población de Levinco, situada antes de llegar a Bello, en la etapa anterior del Camino Natural. Esta alternativa circular al trazado principal discurre por carretera asfaltada, pasando por las poblaciones de Veguelina y Corigos, para incorporarse después a la carretera AS-112, que llega a Levinco después de pasar por Santa Ana, Cabañaquinta y Vega. En las proximidades del tramo comprendido entre Corigos y Cabañaquinta se encuentran Soto de Aller, con su conocida torre y el santuario de Miravalles, y Serrapio, donde se levanta la iglesia de San Vicente. Una vez en Levinco, se puede subir de nuevo hasta Beyo por la carretera AE-4, cruzando las vías del tren.

Vistas del macizo de Peña Mea a espaldas del camino natural

La otra opción se dirige hacia la antigua explotación minera de Coto Beyo. En el punto de encuentro de la pista con la carretera del trazado principal, siguiendo las señales direccionales, la ruta asciende unos metros por carretera hasta encontrar una pista que se incorpora a la derecha, hacia la antigua mina. El camino discurre por pista de tierra sobre las escombreras restauradas, pasando por pequeñas repoblaciones de abedules (Betula pendula) y zonas de pastizal.

La explotación de estas minas a cielo abierto se extiende entre los valles de Nembra, Aller y Beyo (Aller). En 1979, se iniciaron los trabajos de extracción del carbón, que finalizaron en 1990, y que son objeto de restauración. Actualmente, gracias a la restauración de las superficies alteradas y la implantación de una cobertura vegetal, se hace imperceptible el pasado minero del lugar.

Paisaje desde el sendero durante la subida

Poco después, la ruta abandona la antigua explotación minera y continúa descendiendo por pista de tierra en dirección al núcleo rural de Murias. Antes de llegar al pueblo, encontraremos una mesa temática que interpreta las vistas panorámicas desde esta zona (pico Tres Concejos, puertos del Rasón, cueto La Boya).

Una vez llegados a Murias, el camino atraviesa las calles del pueblo para incorporarse después a la carretera, hacia la izquierda, en dirección al núcleo rural de Santibáñez de Murias, destino final de la etapa.

En el trayecto hacia Santibáñez de Murias, tendremos la posibilidad de desviarnos por un sendero que nace en el margen izquierdo de la carretera y que, entre prados y castaños, asciende hasta el núcleo rural de Villar (Vichar) para luego descender de nuevo a la carretera, pocos metros antes de la entrada a Santibáñez. También podremos optar por continuar por carretera hasta la misma población de Santibáñez de Murias.

Información adicional

Torre de Soto de Aller

La localidad de Soto de Aller es conocida por su torre, de la que solo quedan en pie algunos restos. Coronada por almenas cuadradas, al igual que el trozo de muralla que aún se conserva, al parecer esta torre formaba parte de un castillo nobiliario del siglo XI. Se trataba de una construcción de carácter defensivo ante las posibles invasiones extranjeras que pudieran venir por el puerto de San Isidro. Se cuenta que este castillo fue refugio para el romance entre el rey Alfonso VII y Doña Gontrodo.

A lo largo de su historia, la torre de Soto de Aller sufrió numerosas reformas, unas veces para ser ampliada y otras como consecuencia de derrumbes. Estas reedificaciones se observan en sus muros y ventanas. Las más antiguas son más toscas, mientras que las más recientes presentan un mayor sentido estético. Actualmente, se conserva la pared completa del lado sur y parcialmente las del este y oeste. Los vanos del muro oriental son originales, al igual que la puerta. El resto pertenece a alguna de las reformas posteriores.

El primer propietario del que se tiene constancia escrita fue Pedro Díaz de Aller, en 1100, quien fue alcalde y caballero principal de Aller, y que consiguió la propiedad por fidelidad al rey. Los Díaz Belascori también ocuparon el edificio, pero a partir del siglo XIV, hasta el XX, sus dueños fueron los Bernaldo de Quirós. Uno de los miembros de esta familia, Augusto Díaz-Ordóñez y Bernaldo de Quirós, conde de San Antolín de Sotillo, reconstruyó la torre a principios del siglo XX, sin guardar fidelidad alguna a la originaria torre medieval, dándole el aire romántico y neogótico que ahora posee.

Santuario de la Virgen de Miravalles

A unos 500 metros de Soto de Aller, por un coqueto camino hacia el lugar donde se encuentra el cementerio del pueblo, se alza el santuario de Miravalles, un lugar de devoción de los alleranos, que celebran la festividad de Nuestra Señora de Miravalles el 8 de septiembre.

La iglesia es un edificio barroco del siglo XVIII, de extraordinaria belleza, que se construyó sobre una obra anterior, de la que se aprovecharon algunos elementos, como las bóvedas, del siglo XV. La ermita goza de buenos soportales y fue reconstruida a finales del siglo XIX. En su interior, podemos ver la imagen gótica de la Virgen y el retablo que la acompaña, obra del escultor José de la Meana, realizada en el siglo XVIII.

Según la leyenda, la ermita se edificó en el lugar donde crecía un avellano, soporte de las apariciones marianas, y que una vez cortado, siguió floreciendo entre los muros del templo. Aún hoy, podemos ver sus ramas en el campanario.

En las cercanías del santuario de Miravalles desciende un ramal secundario del Camino de Santiago, siendo esta bonita campa arbolada lugar de acomodo y refugio para los peregrinos. La campa de Miravalles fue el lugar elegido por los alleranos para levantarse contra las tropas de Napoleón, en el siglo XIX.

Iglesia de San Vicente de Serrapio

La iglesia de San Vicente de Serrapio es un templo románico, construido en el siglo XII, de orígenes prerrománicos (siglo X y anteriores), conocidos gracias a las excavaciones arqueológicas. Declarado Monumento Histórico Artístico en 1983, la iglesia conserva excelentes pinturas bajomedievales en el ábside central que han sido restauradas.

El templo consta de tres naves con triple cabecera y una dependencia aneja a la sacristía donde se conservan varias inscripciones que datan la fundación del templo en el año 944, además de un muro anterior de fecha indeterminada. En esa habitación también se guarda una lápida romana aparecida en 1830 en la mesa del altar mayor, y que está dedicada a la máxima deidad del panteón romano, Júpiter. También existe otra inscripción de tipo funerario de los siglos IX-X.

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