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Camino Natural del río Barbantiño

  • Camino Natural del río Barbantiño

La cultura del agua

El río Barbantiño, al Norte de la provincia de Ourense, es el protagonista de un circuito fluvial de algo más de diez kilómetros que recorre un entorno natural de gran belleza, salpicado por pequeños puentes y pasarelas, y donde la presencia de viejos molinos da fe de la importancia de los ríos gallegos para la economía local.

Perfil MIDE del CN del río Barbantiño

* La distancia reflejada en el MIDE no incluye ramales.

El Camino Natural del Barbantiño discurre por los municipios de Maside, Amoeiro y Punxín, donde comienza la ruta. Saliendo de Ourense por la N-120, en dirección a Vigo, se toma la N-541 a la altura de Barbante, en dirección a O Carballiño, hasta la localidad de A Forxa (Punxín). Allí, frente a la “Casa do Concello”, por la derecha, se llega a la capilla de San Roque, donde un camino de hormigón desciende hasta la ribera del río. Esta zona de baño, denominada O Bañiño, en la margen derecha del río, es una surgencia de aguas templadas (23 ºC) y sulfurosas, con propiedades minero-medicinales y el punto de partida de la ruta.

Capilla de San Roque en Punxín

A lo largo del Camino hay que salvar pequeños arroyos a través de puentes y pasarelas de madera, mientras los molinos restaurados se convierten en lugares propicios para hacer una parada. Ya al principio de la ruta aparece una pequeña área recreativa y una fuente de agua termal. Desde este punto, se asciende paulatinamente a la cuenca fluvial hasta el puente de la carretera OU-409, entre paisajes agrícolas y bosques de ribera formados por alisos (Alnus glutinosa), chopos (Populus sp.) y sauces (Salix sp.).

El camino discurre entre robles y rebollos acompañados de ajo antosil

El paseo por el borde del río está surcado por rocas graníticas esmaltadas por el agua y un dosel de robles (Quercus robur) y rebollos (Quercus pyrenaica), acompañados de helecho real (Osmunda regalis), una especie de helecho muy extendido en las cuencas gallegas. Antes de llegar al puente, se asciende al pueblo de O Viñao, para luego volver de nuevo al camino a la altura del puente.

Desde allí se desciende otra vez hasta el río y el Camino continúa por un valle que se va estrechando poco a poco. El verdor de este bosque de ribera resplandece aún en invierno debido a la presencia de laurel en la vegetación. Este misterioso tramo, que evoca en el recuerdo la imagen del bandido Fendetestas de ”El bosque animado”, también sorprende con pequeños “caneiros” o diques artesanales de piedra, que en su día sirvieron para estancar el agua y desviarla por un canal para su posterior uso hidráulico.

Puente medieval de San Fiz

Continuando la ruta se llega a un punto donde parte otro camino que sube a un área recreativa de descanso, desde la cual se puede emprender de nuevo la marcha al borde de un canal, hasta llegar a San Fiz, un pequeño pueblo de escasos habitantes donde merece la pena visitar la ermita de San Pedro.

A partir de allí, el Camino baja hasta el puente medieval de San Fiz, a pie de la localidad de Santa Baia. Este puente, que tiene uno de sus arcos apuntado, se encuentra en el antiguo Camino Real que unía Ourense con Santiago de Compostela.

El camino pasa junto a diferentes molinos

Al cruzar el puente, se emprende la vuelta por la margen izquierda del río, a través de un túnel que pasa bajo la vía férrea. Al salir de este túnel, aparece un paisaje de agua remansada en dirección al borde de un pequeño embalse, la presa del Barbantiño.

Sinuosa, la ruta continúa a través de pinares y tojos por debajo del puente del AVE, en un descenso serpenteante por la montaña que conduce a varios molinos, los “Muiños das Penas”, que ponen de manifiesto la importancia de la cultura del agua en Galicia.

Impresionante cascada “la Fervenza do Barbantiño”

Allí se puede emprender un pequeño paseo por una pasarela metálica, hasta el hermoso paraje natural de la “Fervenza do Barbantiño” o “Catarata del Cachón”, conocido por su cascada de 15 metros de altura y sus pozas de agua cristalina.

Regresando a los molinos, unas escaleras bajan hasta una pequeña área recreativa junto a la cascada. Un puente metálico permite acercarse a ella para contemplarla en todo su esplendor. En este lugar se puede hacer un alto en el camino antes de emprender la última etapa para volver al origen de la ruta. Desde el área de descanso, un camino permite el descenso para volver en la dirección del agua, siguiendo la margen izquierda del río.

El río Barbantiño

El descenso a la vuelta es más fácil que a la ida y gran parte del itinerario discurre por cómodos caminos que ofrecen espectaculares vistas hacia el Barbantiño, ya que se camina a unos 10 metros de altura sobre el nivel del río hasta la minicentral hidroeléctrica. Una vez se ha llegado de nuevo al puente de la carretera OU-409, se toma un camino que conduce de nuevo a escasos metros de la ribera y se continúa el curso del río hasta el puente de hormigón que conecta Parada con Punxín, para llegar así al origen de la ruta.

Información adicional de la ruta

Abundancia de recursos hídricos

La comarca de O Carballiño es rica en recursos hídricos, superficiales y subterráneos. Además de una densa red hidrográfica, en esta zona abundan los manantiales de aguas termales mineromedicinales que la han convertido en uno de los principales enclaves del turismo termal de Galicia.

Numerosos arroyos nacen en las Serras de Mantiñan, de Suído y en los Montes de Testeiro, por donde los cursos de agua descienden hacia el sur en busca de los ríos Arenteiro y Barbantiño, protagonistas del característico paisaje en “socalcos” o terrazas, aprovechados para los viñedos de Ribeiro.

El río Barbantiño constituye el límite natural con la comarca de Ourense por el este, aportando sus aguas al Miño, mientras que el Arenteiro y el Viñao recorren buena parte de la comarca para desembocar en el Avia, cuyas aguas también confluyen en el Miño.

La presencia del románico

En Punxín, Maside y Treboedo encontramos las iglesias románicas de San Xoán de Ourantes, del siglo XII; la iglesia de Santo Tomé de Maside Vello, obra del románico rural, y la iglesia de Santa Comba de Treboedo, todas ellas de una sola nave y ábside rectangular.

En la iglesia de Santa María de Punxín permanece el sepulcro de San Wintila, un ermitaño que vivió en tiempos de Alfonso III. Existe la tradición popular de recoger la tierra que hay alrededor de la sepultura para curar dolencias.

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