La desertificación en España

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    Ámbito geográfico de la desertificación

    Según la CLD, las zonas susceptibles de sufrir desertificación son las áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, es decir, aquellas zonas en las que la proporción entre la precipitación anual y la evapotranspiración potencial está comprendida entre 0,05 y 0,65.

    La evapotranspiración potencial es la cantidad de agua devuelta a la atmósfera en estado de vapor por un suelo que tenga la superficie completamente cubierta de vegetación y en el supuesto de no existir limitación en el suministro de agua (por lluvia o riego), para obtener un crecimiento vegetal óptimo. Expresa la demanda de agua por la atmósfera  y las plantas en un lugar determinado.

    De acuerdo a esta definición, amplias zonas de nuestra geografía se encuentran potencialmente afectadas por el proceso. De hecho, más de dos terceras partes del territorio español pertenecen a las categorías de áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas.

    (Mapa de riesgo de desertificación)

    Causas y efectos de la desertificación

    La desertificación constituye un proceso complejo resultado de múltiples factores.

    Las siguientes condiciones particulares propias de amplias zonas de España y de la región Mediterránea están asociadas a los procesos de desertificación:

    1. Clima semiárido en grandes zonas, sequías estacionales, extrema variabilidad de las lluvias y lluvias súbitas de gran intensidad
    2. Suelos pobres con marcada tendencia a la erosión
    3. Relieve desigual, con laderas escarpadas y paisajes muy diversificados
    4. Pérdidas de la cubierta forestal a causa de repetidos incendios de bosques
    5. Crisis en la agricultura tradicional, con el consiguiente abandono de tierras y deterioro del suelo y de las estructuras de conservación del agua.
    6. Ocasional explotación insostenible de los recursos hídricos subterráneos, contaminación química y salinización de acuíferos.
    7. Concentración de la actividad económica en las zonas costeras como resultado del crecimiento urbano, las actividades industriales, el turismo y la agricultura de regadío, lo cual ejerce una intensa presión sobre los recursos naturales del litoral.

    La combinación de factores y procesos como la aridez, la sequía, la erosión, los incendios forestales, la sobreexplotación de acuíferos, etc., da origen a los distintos paisajes o escenarios típicos de la desertificación en España.

     

     

    Paisajes de la desertificación

    Cultivos leñosos afectados por la erosión

    Fotografía que muestra cultivos leñosos

    Entre las tierras actualmente cultivadas, son los cultivos leñosos (olivo, frutales y vid) los que presentan una mayor problemática de erosión hídrica laminar y en regueros.

    Cultivos extensivos de secano con riesgo de erosión

    Fotografía de cultivos herbáceos de secano

    En los cultivos herbáceos de secano situados en pendientes de moderadas a altas y que no son objeto de prácticas de conservación, se pueden producir importantes pérdidas del suelo por erosión.

    Sistemas agro-silvo-pastorales afectados de sobrepastoreo

    Fotografía de terreno con sobrepastoreo

    Otro de los agentes clásicos de degradación de tierras es el sobrepastoreo. Aunque ha constituido en España una de las causas históricas de degradación de las cubiertas vegetales, en las últimas décadas disminuyó considerablemente debido a la reducción de la cabaña ganadera y al desarrollo de la ganadería intensiva.

    Sistemas agronómicos de regadío sometidos a procesos de desertificación

    Paisaje de regadíos

    Como procesos asociados al riesgo de desertificación en los regadíos se pueden citar la sobreexplotación de acuíferos, el deterioro de la calidad del agua por intrusión salina de origen marino y por contaminación con agroquímicos, y la salinización de los suelos.

    Matorrales degradados y eriales

    Paisaje con matorrales que proceden de la degradación de formaciones vegetales más maduras

    En el ámbito forestal, los escenarios de la desertificación comprenden la gran cantidad de terrenos que sustentan formaciones de eriales o de matorrales que proceden de la degradación de formaciones vegetales más evolucionadas, dotadas de mayor complejidad ecológica. Más de dos millones de hectáreas de matorrales se encuentran afectados por la erosión hídrica del suelo.

    La lucha contra la desertificación en España

     

    La ratificación por parte de España de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CLD), como país parte afectado, conlleva la preparación de un Programa de Acción Nacional como elemento central para luchar contra la desertificación.

    La restauración de terrenos degradados empezó a plantearse en España en la segunda mitad del siglo XIX, coincidiendo con la creación de la Administración Forestal.

    España ha realizado una ingente tarea de repoblación forestal de tierras degradadas. Se estima en 5 millones de hectáreas (un 10% del territorio nacional) la superficie repoblada en los 150 años transcurridos desde el inicio de las actuaciones, el 75 % de las cuales han tenido un objetivo eminentemente protector.

    Las inquietudes surgidas tras la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Desertificación de Nairobi (1977), se concretaron en España en el Proyecto de Lucha contra la Desertificación en el Mediterráneo, Proyecto LUCDEME, actualmente vigente y desarrollado por la Dirección General de Desarrollo Rural y Política Forestal del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, siendo así España el primer país desarrollado en recoger las recomendaciones de las Naciones Unidas en esta materia.

    El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente a través de la Subdirección General de Silvicultura y Montes, es el Punto Focal Nacional para la CLD y consecuentemente ejerce las funciones de coordinación de la acción de España para la aplicación de la CLD. El contenido de la CLD implica a diversos sectores de la administración, entre los que destacan, además del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y el Ministerio de Economía y Competitividad a través del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y Tecnología.

    El Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), es el órgano competente del Estado para desarrollar la ayuda exterior incluida la cooperación en materia de medio ambiente que se enmarca en los tres Convenios del Programa 21, entre los que se incluye la CLD junto con la Convención Marco sobre el Cambio Climático y la Convención sobre la Diversidad Biológica.

    El Ministerio de Economía y Competitividad, a través del Consejo Suerior de investigaciones Científicas (CSIC) presta asesoramiento científico sobre la desertificación.

     

     

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